En el mundo de la repostería artesanal, uno de los mayores retos para los emprendedores es mantener la frescura y calidad de las galletas en los puntos de venta. Aunque muchos suelen pensar que el problema está en la receta, la verdadera causa suele ser el manejo posterior al horneado.
Según experiencias compartidas por pequeños productores, la clave está en tres pasos sencillos.
El primero es no empacar las galletas cuando aún están calientes, ya que el vapor que desprenden genera humedad y acorta su vida útil. Lo recomendable es dejarlas enfriar por lo menos una hora antes de sellarlas.
El segundo paso es utilizar bolsas herméticas y asegurarse de que queden bien selladas, lo que ayuda a conservar la textura crujiente y el sabor original.
Finalmente, la exhibición también importa: las galletas deben mantenerse lejos del sol, el calor o vitrinas calientes, factores que pueden deteriorarlas rápidamente.
Aplicando estas recomendaciones, los emprendedores pueden extender la frescura de sus productos de siete a diez días, sin necesidad de añadir químicos ni modificar la receta original.
Una muestra más de que, en la repostería artesanal, el secreto no siempre está en los ingredientes, sino en el cuidado y la técnica detrás de cada proceso.
